UNA SOLITARIA Y TRISTE PANDEMIA

Luego de invertir parte de la semana pasada en la lectura de una selección de cuentos de juventud y adolescencia a firma de Herman Hesse, mortificación no como otra cualquiera dado el peso mercúrico que su autor fue capaz de arrojar a la sintaxis de cada frase para que el incauto lector acabará laminado bajo ella, resolví probar con algo más alígero, pero no volátil e intrascendente.
 
 
 
Teniendo a mano las poesías de Manuel José Quintana (Madrid: Imprenta Nacional, 1813; sin ser esta impresión la mejor, que sólo llegará durante el Trienio liberal), dos versos de su Oda a Juan de Padilla (1797) me ha dado fértil suelo nutricio donde germinar otros pensamientos más de actualidad; en concreto, sobre la pandemia y crisis sanitaria acerca de la cual los especialistas -grupo de gentes tocados por el misterio del arcano- nos obsequian escalas descendientes. Tengo al respecto profundas dudas y abisales inquietudes; soy en todo esto muy rústico, también les confieso.
 
 
 
 

Pero me importa subrayar apenas un par de percepciones. Una es la inútil defensa del concepto de Solidaridad, que para mi entender quedó atrás, quedó en la antigua normalidad. La crisis ha propiciado aislamiento, distancia social, soledad, individualismo. Y aún se hará más patente en las próximas semanas y meses del proceso de desconfinamiento. Y todo ello ha hecho de la crisis y el modo en que la hemos enfrentado una experiencia «triste». A la segunda percepción le son de recibo, creo, las estrofas del poeta: «Faltó su fuerza a la sagrada lira/su privilegio al canto». Yo hubiera querido oírme convocado por el entusiasmo, por esa fuerza que ha sido entre nosotros tantas veces telúrica, en un canto privilegiado y no en el enmudecimiento. Mudos y sin fuerza nos hemos entregado a sobrellevar penalidades terribles y enormes sacrificios sin verso ni canción que nos guiare. No diré que eso ya fuera bastante; digo que sin versos ni canción nada es bastante.
 
J. C. G.
 
Imágenes: Hermán Hesse (1877-1962)
Manuel José Quintana (1772-1857) por José Ribelles (c. 1806)

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