Coleccionismo. Primeras ediciones: Alejo Carpentier (1914-1982)

Creo que es admisible establecer dos grandes grupos para organizar los caprichos y pasiones en que se conducen los coleccionistas. Así, en efecto, los caprichosos -aparte algunas fijaciones- ciertamente no atienden a objetivos predeterminados, por lo que la inclinación o preferencia que en cada caso muestran es volátil y, en síntesis, precisamente, un antojo. En cuanto a los coleccionistas apasionados, siempre dependiendo del grado de su afición, creo que fundamentalmente los mueve el entusiasmo. De ahí que a muchas de sus decisiones las impulse una intención que cabria enunciar con la palabra fervor. Y éste, el fervor, es un término que, a mi juicio, no sólo designa el ardimiento con que se ejecuta una acción, sino que es también expresión que propende a significar una componente admirativa en la guía para la toma de decisiones.
Esto, al menos, es lo que me sucede cuando se presenta la oportunidad de ampliar una muy modesta colección de primeras ediciones que, con los años, ha ido formándose en un ángulo reservado de mi biblioteca; esa pasión coleccionista la encendió el entusiasmo, el fervor y, sobre todo, la admiración.
Tengo entre mis manos la primera edición de El Reino de este mundo (México: EDIAPSA, 1949), novela de Alejo Carpentier.
 
 
 
 
Cumplo de este modo un afán bibliófilo, pero asimismo satisfago también un reconocimiento hacía autor y creación literaria a los que no concedí como lector -era muy joven lector cuando el tremor del «boom’- suficiente aprecio. Los ‘entonces’ admiten ‘ahora’, a veces, esta clase de remedio. Eso quiero creer y, además, es lo que deseo.
 
J. C. G.

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