Nueva España y la condición colonial en América hispánica

“La diferencia con las colonias sajonas es
radical. Nueva España conoció muchos horrores, pero por lo menos ignoró el más
grave de todos: negarle un sitio, así fuere el último en la escala social, a
los hombres que las componían. Había clases, castas, esclavos, pero no había
parias, gente sin condición social determinada o sin estado jurídico, moral o
religioso. La diferencia con el mundo de las modernas sociedades totalitarias
es también decisiva.
Es cierto que Nueva España, al fin y al cabo sociedad satélite, no creó un arte, un pensamiento, un mito o formas
de vida originales. (Las únicas creaciones realmente originales de América —y
no excluyo naturalmente a los Estados Unidos— son las precolombinas.) También
es cierto que la superioridad técnica del mundo colonial y la introducción de
formas culturales más ricas y complejas que las mesoamericanas, no bastan para
justificar una época. Pero la creación de un orden universal,
logro extraordinario de la Colonia, sí justifica a esa sociedad y la
redime de sus limitaciones.
La gran poesía
colonial, el arte barroco, las L
eyes de Indias,
los cronistas, historiadores y sabios y, en fin, la arquitectura novohispana en
la que todo, aun los frutos fantásticos y los delirios profanos, se armonizan
bajo un orden tan riguroso como amplio, no son sino reflejos del equilibrio de
una sociedad en la que también todos los hombres y todas las razas encontraban
sitio,
justificación y sentido” (El laberinto de la soledad
(1950) México. Madrid. Buenos Aries: FCE, 1980, 8ªreimp., p. 93).

Este fragmento, procedente de
‘Conquista y Colonia’, puede leerse en El laberinto de la soledad (1964) y sirve
de ejemplo a la práctica y expresión de un pensamiento sólo comprometido con el
buen juicio y el conocimiento histórico riguroso. Octavio Paz –hombre de
cultura– es aquí su mentor.

 
Octavio Paz (1914-1998)

La obra que, junto a otros ensayos
reunidos, toma el título del último de ellos, ofrece una valiosa oportunidad de
lectura.
Si tiene un ejemplar en sus bibliotecas
valoren favorablemente mi recomendación
. No
me lo reprocharán.

 

J. C.
G.

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