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PASIONES DE BIBLIÓFILO. Sobre epistolarios entre una Montaña y una Flor, ultimado con cualidades iusliterarias y sobre estudios de género

Las
bibliotecas son muebles con doble fondo. No me refiero a la existencia de
disimulados resortes que, una vez pulsados, abren cajones de secreter u ocultos
compartimentos. Mi percepción es más bien resultado de circunstanciales
experiencias. La alineación de libros en un anaquel o balda comporta riesgos;
en ocasiones, el devolver a su lugar alguno de ellos amenaza la fijeza del
resto, y sucede que unos a otros se empujan y caen, o simplemente se deslizan,
de la parte de atrás. Ese ‘lugar-no lugar’ es como un puerto que no resguarda
de naufragios, sino que los provoca. De esos recónditos espacios, dársena de
libros varados, cuya existencia ni siquiera conocemos siempre, llega hoy a esta
página, como un redivivo, el titulado Cartas
de Echo e Narciso
, dedicadas á
Mocidade Academica da Universidade de Coimbra: Seguidas de differentes Peças,
relativas ao mesmo objecto (2ª edição.
Coimbra: Na Real Imprensa da Universidade. 1825.
In-8.º de 216 pp.), del lisboeta
António
Feliciano de Castilho (1800 -1875), 1.º vizconde de Castilho
,
fundador y director de periódicos y revistas, escritor romántico, poeta ciego
desde la infancia, defensor de ideales del liberalismo portugués de la época, y
jurista. Lo adquirí en la Livraria Guimarães,
allá por noviembre de 2005, aprovechando que participaba en el IIº Coloquio
del
Instituto Jurídico Interdisciplinar, organizado en la Faculdade de Direito de la Universidade
do Porto por mi buen amigo el Prof. Paulo Ferreira da Cunha.

 

António Feliciano de Castilho (1800 -1875) en 1836, por M. Sendim. BN de Portugal

 

 

Esta
2ª edición de 1825 mejora los contenidos de la fechada cuatro años antes,
primera de las cuatro que he localizado hasta 1843. Es interesante detenerse en
cada una de dichas datas porque las sucesivas portadas de la obra traen noticia
acerca formación jurídica de Castilho;
Estudiante de Cuarto año de
Cánones pela Universidade de Coimbra, en 1821; Bacharel formado em Canones pela
Universidade de Coimbra, 1825; Bacharel formado en Direito pela Universidade de
Coimbra, 1836 y 1843.
Por
lo demás, Cartas de Echo e Narciso
tiene una proyección jurídica que considero sugestiva –fue ésta una de las
razones para incorporarla a mi biblioteca– y a la que más adelante me referiré.

De
momento quisiera destacar, en primer lugar, que las veintiuna cartas dirigidas
por Echo a Narciso, independientemente de su forma métrica, forman
a mi parecer un romance, una novela
de epistolar. Seguidamente, que la elección de formas métricas es igualmente
menos relevante que el tono de la emotividad poética elegido, del todo ajeno a
la práctica –tan portuguesa– de una poesía ‘en majestad’ o heroico-mitológica
y, por tanto, de rasgos sencillos que, siguiendo los del romanticismo alemán, a
ciertan
con favorecer argumentos traídos de la naturaleza o de los sentimientos. Estas dos
apreciaciones, cuyo valor me descubrió la lectura de la Dedicatoria y del Prólogo
(pequeno para ser lido
), ya me hubieran bastado para su compra, pues
suponen figuraciones de modernidad literaria –mixtura de
géneros y nuevo lenguaje poético– que en absoluto deben ignorarse. El
Romanticismo literario colaboró a esa experimentalidad. También el Romanticismo
liberal, con una proyección que, a mi modo de ver, está presente de una forma
igualmente moderna en
Cartas de Echo
e Narciso
. Desde mi punto de vista, el modo en que Castilho estructura esa
correspondencia amorosa es decisivo para vincularlo a una idea emancipadora de
la mujer: es Echo quien trata de seducir y atraer a Narciso, y este quien se
defiende y resiste con firmeza a las constantes invitaciones, embelesos y
hasta súplicas de aquélla. Existe, pues, una inversión –casi carnavalesca– de los roles sociales
que en la aventura afectiva y erótica iban antes asignados para hombres y
mujeres. Esta 2ª edición de 1825, además, contiene como Segunda Parte y novedad
respecto del contenido publicado en
la Primera Parte, diversas Peças, relativas ao mesmo objecto. Una de ellas, en efecto, atañe a
la carta de una lectora de la edición de 1821, donde expone su desacuerdo con
el talante dispuesto para la condición de actuar de
Echo, que, a su juicio, quebrantaba así
los ‘derechos’ tradicionalmente atribuidos y conceptuados como propios de las
mujeres –asimismo en el sentido de convenientes y adecuados– en su relación con
los hombres.

No
he podido verificar la realidad material de esa carta que Castilho
dice haber recibido a través del Correio de Lisboa, y sería sólo una de
tantas con similar planteamiento. Comentaba esta misma semana con mi amigo
Felipe Navarro Martínez la posibilidad de que esa epístola pudiera ser fingida
y permitiera
al
Autor otro paso
de tuerca en la utilización de procedimientos metaficcionales, de absoluta
modernidad. En todo caso,
Castilho recurre a un medio –proyectivamente
religable con el tópico literario del ‘manuscrito encontrado’­– eficaz para
crear la ideación de un Tribunal de Justicia que juzgue la probidad y rectitud
de intenciones de la Musa del Autor al perfilar y desarrollar la conducta de
Echo. Será así el ‘Processo’ donde
las Cartas de Echo e Narciso se someten
a la decisión final del ‘Supremo Tribunal de Cithera’ (pp. 183-201). Esta es la
Peça jurídica-literaria,
de provecho para estudios de género, y que más arriba anuncié como categórica
en mi decisión de compra. En ella, se nos ofrecen los discursos –alegaciones–
de las partes intervinientes, y se resolverá por sentencia definitiva y firme. Corresponde
el acusatorio al Discurso de Aglaia, en representación de las Senhoras
Portuguezas, que arguye la preservación de “un direito muito respeitavel” y “a
soberanía da mulher” originarios por naturaleza, de toda inquietud perturbadora
que busque modificar o transformar el estado de cosas existente. La defensa en
respuesta a la inculpación precedente incumbe a la Musa del Autor, que para disentir
de la contraparte no sólo sostiene que las Ninfas no tienen que dar cuenta de –o
sea, justificar– sus acciones sino por sí mismas, “y que por eso
los
impulsos de su corazón constituyen su única ley”, sino que en ello concluye de
manera además tan segura como inopinable, expresando: “Pelo que
acabo de expôr-vos deveis convencer-vos, de que as Damas deverião antes
agradecer ao Poeta, que
para apresentar um exemplo em que meu sexo aparecesse como suplicante ao seu,
lançou mão da história de Echo e Narciso:
Echo, a mais terna, a mais constante de todas as Ninfas; Narciso, alem do mais bello, o mais duro e o mais ingrato de todos os homens”.
De donde, finalmente, la Sentença falla em los términos que aquí reproduzco: “
O Supremo Tribunal de Cithera depois de haver attentamente ouvido o Discurso da acusação recitado
por Aglaia, contra o
Poeta autor das Cartas de Echo e Narciso,
assim como a
sua defesa apresentada pela sua Musa, declara que o acusado está inocente: e como tal determina que o seu
crédito público lhe-seja restituído por todo o
Império de Amor:
ordenando igualmente, que a acusadora convencida, como o foi, da calúnia, seja
por três dias privada de tomar parte nas Festas de Citera, e nunca mais
seja vista por mancebo algum durante a sua estada no banho.”

El
valor iusliterario y la audacia del asunto afrontado por
António Feliciano de Castilho
demuestra que mi elección fue acertada. La obra suscitó en el breve lapso de
veinte años cuatro ediciones, y otra más portuguesa en 1904, además de la brasileña
de 1944 (Sao Paulo: Ed. Cultura), tuvo en su día un muy nutrido número de suscriptores
y, a mi entender, no es casual haber situado en Echo y Narciso la tópica de los
protagonismos.
Castilho tradujo Metamorfosis
de Ovidio (As metamorphóses de Publio
Ovidio Nasão: poema em quinze livros
, Lisboa: Na Imprensa Nacional, 1841).

Las
bibliotecas son muebles con doble fondo. Los libros –casi todos– son asimismo muebles
–cosas muebles– que, a la par de los lugares donde descansan y no-lugares en
que a veces se precipitan, también tienen ‘doble fondo’.

J.
C. G.

1 respuesta a «PASIONES DE BIBLIÓFILO. Sobre epistolarios entre una Montaña y una Flor, ultimado con cualidades iusliterarias y sobre estudios de género»

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