PASIONES DEL BIBLIÓFILO. Otra vez sobre olvidados traductores

Adquirí este raro ejemplar –dos en la BNE,
uno en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid)– no hace más de tres años en
una librería anticuaria de la ciudad de Sevilla, donde no ya el anticuariado,
sino la idea misma de librería de circuito comienza a ser otra rareza. El
acceso de los lectores españoles a este texto de Sombart, representativo de su
adscripción al movimiento alemán conocido como “socialismo de cátedra” (Lorenz
Stein, Adolph Wagner, Gustav von Schmoller, Lujo Brentano y Werner Sombart) fue
posible gracias a la extraordinaria labor desenvuelta por la editorial La
España Moderna, financiada por José Lázaro Galdiano​ (1862-1947). Éste tuvo a
Emilia Pardo Bazán como asesora de colecciones y títulos literarios que
asimismo editó La España Moderna; ignoro quién fue el consejero de la «Biblioteca
de Jurisprudencia, Filosofía e Historia», pero ciertamente colaboró de modo
impagable al conocimiento del pensamiento jurídico europeo de la época. “El socialismo y el movimiento social en el
siglo XIX
”, de Werner Sombart (1863-1941), apareció publicado alrededor de
1902, por traducción de José María Navarro de Palencia, y cinco años después en
la editorial valenciana Prometeo por Rafael Cansinos-Assens (1882-1964). De la amplísima
labor traductora de éste existen algunos inventarios, no obstante, aún incompletos.
Pero ni siquiera algo parecido en lo correspondiente a nuestro Navarro de
Palencia, y es razón para que hoy y aquí ofrezca cuantas noticias acerca de él logré
arracimar de tiempo atrás a este día. Así, que José María Navarro de Palencia
Olmedo era natural de Granada, Licenciado en Derecho con título oficial
expedido el año 1893 por la Universidad Central de Madrid -donde también obtendría la borla de Dr.-,  además de miembro
del Colegio de Abogados de la capital desde el siguiente. Sin embargo, tal conjunto
de datos hace poca justicia a su merecida memoria como traductor y jurista. Porque,
apenas dos años luego de traducir la obra de Sombart, José María Navarro de
Palencia emprendió igual tarea con Die
soziale Aufgabe des Privaterechts
(1889), de Otto v. Gierke (1841-1921) [La función social del derecho privado, y La
naturaleza de las asociaciones humanas
, Madrid: Sociedad Editorial
Española, 1904. Red. con un estudio preliminar de José Luis Monereo Pérez (“La
teoría jurídica y social de Otto von Gierke: teoría del derecho social y de las
personas colectivas, pp. VII-LXI), Granada, Editorial Comares, 2015]. Y éste sí
constituye una información a mi entender relevante; veamos por qué. La ‘Sociedad
Editorial Española’ era la mercantil de la imprenta de P. Apalategui, propiedad
de Pedro Apalategui Ocejo (1865-1957), al frente del colectivo Mucius Scaevola,
que entre otras proezas llevó a cabo el comentario y sistema de concordancias del
Código civil. A ese colectivo perteneció Ricardo Oyuelos Pérez (1865-1943), traductor
en 1907 deLos defectos sociales de las
leyes vigentes en relación al proletariado y al (sic.) Derecho moderno
, de
Giuseppe Salvioli (1857-1928), aparecida en la colección «Biblioteca Quintus
Mucius Scaevola», que también acogió la de Gierke (véase José Calvo González& José Luis Monereo
Pérez,“De cuánto en la
memoria durmiente… Ricardo Oyuelos Pérez: del socialismo jurídico a la utopía
social corporativa”, Revista de Estudios Políticos 125 (2004), pp.
349-372)

Toda
esta red de conexiones pone de relieve –conocen mi tesis sobre el que las
traducciones no se producen en ‘el vacío’– el esfuerzo generacional de un
nutrido grupo de olvidados juristas en y para la renovación social del derecho
privado, en un contexto ideológico-jurídico de incuestionable modernidad
europea.

Las inquietudes de José María Navarro de
Palencia como traductor se ampliaron durante los primeros años del s. XX también
a otros temas. Así, Psicología de las
multitudes
, de Gustave Le Bon (1841-1931), o La Iglesia y la cuestión social: estudio de
moral social
, obra del
católico social francés que tanto interés y elogio [véase La España Moderna,
171 (1903), pp. 49-66] suscitó a Pedro Dorado Montero (1861-1919), y hasta financieristas al traducir obas como Los presupuestos, de René Stourm, o Principios fundamentales de Hacienda, de
Guillermo Vocke, fechado año 1905.

Un año antes José María Navarro de
Palencia había obtenido plaza de Letrado de la Dirección General de los Registros y del Notariado, que
conservó hasta su fallecimiento en 1931. En 1909 ocupó un tiempo plaza de
Magistrado de la Audiencia Provincial madrileña, y a partir de 17 de junio de
1929, a resultas de su nombramiento como Subdirector General, la Vicepresidencia
de la Junta consultiva de Letrados de la Dirección General de los Registros y
del Notariado (véase
Silvia
Díaz Alabart
, “Cien años de la Revista de Derecho Privado”, en Cien años de la Revista de Derecho Privado:
1913-2013
, Silvia Díaz
Alabart
(dir.), Madrid: Edit. Reus, 2014, p. 5-13, en esp. pp.
7-8).

Pero antes que el resultado de lo extraíble
en el expediente administrativo profesional, creo interesa, sobre todo, insistir
en el perfil de renovación del derecho privado, tanto social como
científico-doctrinal y, por tanto, en el tándem que, junto a Felipe
Clemente de Diego Gutiérrez (1866-1945) forma como fundador y primeros
directivos de la Revista de Derecho
Privado
.

Añadir, por
último, alguna información familiar. Hermano menor de
José María fue
Álvaro, también nacido en Granada, Licenciado en Derecho por Valladolid el año
1903 y miembro del Colegio de Abogados de Madrid desde 1915. Estrecho colaborador
de Constancio Bernaldo de Quirós (1873-1959), publicó junto a élTeoría del código penal(Alcalá de Henares: Imp. Reformatorio de jóvenes delincuentes 1911), y dejando
testimonio de la huella de positivismo criminológico italiano e interés por la
ciencia penitenciaria, a su sola firma, Las
prisiones extranjeras. Francia, Bélgica e Italia
(Madrid: Est. Tip. San
Bernardo, 1918) y Socialismo y derecho
criminal
(Madrid: Reus, 1919).Álvaro fue miembro del Cuerpo de
Prisiones, al que accedió el 7 de agosto de 1887 como Vigilante de segunda clase, con destino al Penal
de Ocaña
, del que
terminó por ser suAdministrador.

Confío que este
añadido sobre
olvidados
traductores
haya reparado, siquiera en parte, el desmedro de la incuria, a
menudo mucho mayor que el escarnio causado por el tiempo.

 

J. C. G.

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