Los Derechos individuales y la ‘poesía de las tradiciones’

 

“El gobierno que confundiendo todas las operaciones del poder se erige en legislador, juez y en ejecutor, no es gobierno constitucional, es arbitrario […] La degeneración del constitucionalismo en arbitrariedad es gradual, y en esto consiste en que dentro de él, quepan opiniones más o menos conformes a la verdad, más o menos conformes a la justicia; y estas opiniones nacen del principio de utilidad, que a echado profundas raíces. La razón de utilidad que cada uno la entiende para sí, es la que sirve de comodín, cuando se trata de hacer prevalecer una idea errónea sobre una verdadera. ¿En que fundan los ingleses esa monstruosa diferencia en los derechos sociales? En la utilidad de conservarla poesía de las tradiciones, y en el respeto a los privilegios concedidos anteriormente. En estos fundamentos apoya la injusticia de que un territorio y los habitantes de él tengan más influencia, siendo en corta extensión y en corto número, que otro que es de más extensión y número de habitantes. Estas injusticias las hace llevaderas el respeto a los derechos individuales, y el fraccionamiento de las operaciones del poder, que es lo que los asegura; porque […] hay diferencia entre unos y otros, siendo los individuales absolutamente indispensables y los sociales no tanto. Esta diferencia la llevamos hasta el punto de consignar como útil para conseguir los primeros el derecho de insurrección, cuando no lo creemos del mismo modo para los sociales, que a favor de los primeros, pueden irse reconquistando, como les ha sucedido a los mismos ingleses, y sucederá en todos los países en que el hombre pueda usar de su persona, de su hacienda y de su pensamiento con libertad”

Camilo Alonso Valdespino, La Ciencia constitucional y la política, Madrid: Imprena de D. José Cosme de la Peña, 1845, pp. 166-168.

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