En la universidad alemana. Recuerdos de Francisco Ayala sobre Triepel, Schmitt y Heller

Francisco Ayala (1906-2009)

“Desde mi llegada a Berlín, quizá ya al día
siguiente o al otro, había empezado a frecuentar los pasillos y aulas de la
Universidad, si biblioteca. Mi primer contacto con la tan idealizada institución
supuso para mí un completo desencanto. Entre a la clase de un profesor de
Derecho político o constitucional, Triepel, hombre de gran reputación, cuyo
mérito me había sido encarecido de forma especial por Pérez Serrano; me senté
entre la multitud de estudiantes, que hacía ruido, entraban y salían, arrastraban
los pies, comían manzanas o naranjas y conversaban sin prestar la menor atención
a aquel señor que, sobre el tablado, parapetado tras de enormes bigotazos,
emitía –según lo que pude entender- conceptos bastante elementales. Todo, tan
contrario a lo que yo me había figurado. Reflexioné, para no renunciar  a mis ilusiones, que aquello sería sin duda
una de esas clases para escolares primerizos que un gran profesor se ve con
frecuencia obligado a dictar, reservando sus altos saberes para grupos selectos
en seminario especializados; y, desde luego, mi reflexión era razonable e iba
encaminada; pero eso no quita para que, apenas asomar las narices al templo de
Minerva, recibiera en ellas un jarro de agua fría.

 Heinrich Triepel

Después de haber explorado algo el
panorama me puse en relación con un docente relativamente joven, Hermann
Heller, cuyos libros adquirí y me esforcé en descifrar (¡qué trabajosa prosa la
suya,  en contraste con la de Carl
Schmitt, de quien traduciría yo más tarde en España la Teoría de la Constitución!) y cuyas lecciones –las de Heller, digo-
escuché como oyente libre, pues de poco podía valerme el seguir cursos
regulares cuando lo que yo necesitaba y esperaba de mi estancia en Alemania era
cosa bien distancia.

 

 

Hermann Heller

 

 

Carl Schmitt

 

Quiero consignar aquí que muy pocos años
más tarde –poquísimos, ¡tan imprevisibles son las vueltas de la fortuna!-
tendría yo la triste satisfacción de poder ofrecerle refugio en nuestra
Universidad a este Hermann Heller, fugitivo de Hitler. Mi antiguo profesor
pertenecía al partido socialdemócrata, y fue uno de los contados dirigentes de
partidos obreros que intentaron organizar alguna resistencia contra el impetuoso
nazismo. Pudo huir de Alemania. Para entonces yo era ya en Madrid secretario de
la Facultad de Derecho; y bajo el decanato de don Adolfo Posada se creó en ella
una cátedra para Heller. Sólo un par de años pudo ejercerla el desdichado.
Nuestro hombre que – siendo soldado en las trincheras de la Iª Guerra Mundial- había
contraído una dolencia pulmonar por efecto de los gases asfixiantes agravada
ahora con la peripecia hitleriana, no tardaría en su sucumbir al peso de su corazón
enfermo. Recuerdo bien el momento de inhumar si cadáver; recuerdo a don Adolfo Posada,
a Pérez Serrano, a otros profesores y estudiantes, rodeando a la viuda, figura
corpulenta cubierta de crespones desde la cabeza a los pies, todos parados al
borde de la tumba, en el cementerio madrileño del Este…”

 

Francisco Ayala, Recuerdos y olvidos. 1. Del paraíso al destierro. 2. El exilio. 3.
Retornos
. Madrid: Alianza, 1988, pp. 159-160.

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